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lunes, 20 de abril de 2015

El retrato de Dorian Gray o de las vilezas del ser humano.

Es esta una semana muy especial en el Motel, una semana dedicada al cine y la literatura. Muchas de las películas de las que disfrutamos están basadas en grandes novelas así que será una semana de conjunción artística. En nuestro clásico semanal hemos elegido una obra maestra basada en la novela homónima de Oscar Wilde. Quizás muchos penséis en la cinta del 2009 pero lo cierto es que su primera versión fue en 1945 que fue la que yo disfruté en su momento y propuse a mi esposo para nuestra noche de Clásicos con Aurora.
Leí la novela hará aproximadamente unos 26 años y me impactó por la densidad de los diálogos que probablemente en su momento no alcancé a comprender del todo sin embargo ahora al repasar la novela y visionar la cinta de nuevo me doy cuenta de que hay algo mucho más profundo de lo que uno en un principio pudiera captar.
Dorian Gray es un joven adorable, tierno, hermoso e ingenuo, sobre todo en lo relacionado con el amor y tiene la desgracia, porque analizando la obra se da cuenta uno de que realmente es así, no solo de que su amigo pintor le realice el retrato en el que se refleja su juventud y belleza haciendo que desee a modo de plegaria que sea el cuadro el que envejezca y no él, sino de conocer a Lord Henry, un ser que para mi gusto es bastante despreciable con su palabrería que a mí se me antoja misógina, llenando la cabeza de Gray de ideas maliciosas sobre las mujeres y el matrimonio. Nuestro Gray se enamora perdidamente de una jovencísima Angela Lansbury, actriz de vodevil de suburbio, haciendo este hecho que se enciendan las alarmas para su amigo pintor y el amigo de éste, Lord Henry. En realidad para Lord Henry, Gray es el objetivo sobre el cuál desarrollar su teoría sobre las pasiones humanas, llegando a tener una fijación casi enfermiza por Gray. Esto no se llega a plasmar del todo en la película, sin embargo se aprecia claramente en la novela. "Seguía siendo evidente para él (Lord Henry) que el método experimental era el único por el cual podía llegarse casi a un análisis científico de las pasiones, y Dorian Gray era, ciertamente, un sujeto hecho para sus manos y que parecía prometer ricos y fructuosos resultados." El Sr. Purgatorio considera que se abusa del narrador a lo largo de la cinta, pero yo creo que era necesario para de algún modo llegar a transmitir la complejidad de los sentimientos de los personajes.
Me ha parecido una obra magistral y una genialidad, tanto la novela como la cinta. Pero estoy segura de que mi Grey particular, ah no disculpad es Gray, os hará un análisis más concienzudo de la película.
Yo de Grey no tengo nada mi amor, porque yo solo quiero acariciarte y disfrutarte con mis manos, no con nada de bondage o como se llame eso. Y de Gray tampoco porque no tengo problema en envejecer y mucho menos si es contigo a mi lado.
Pese a que intenté leer el libro, que es cortito, por "H" o por "B" no me ha sido posible así que no puedo valorar la cinta como adaptación pero ya me ha dicho mi hermosa mujer que, salvo algunos pequeños detalles, es muy fiel y en realidad es obvio cuando aparece la figura del narrador que está leyendo pasajes tal cual del libro. Aprovechando esto hablemos del recurso de la voz en off, tema en el que discrepo con mi señora, y de su uso y abuso en esta película. Si bien es cierto que hay momentos en que nos pone en antecedentes sobre cosas que no se han visto en pantalla hay muchos otros en que es más o menos así, "Gray cogió el cuchillo", cosa que estamos viendo así que esa redundancia me sobra o que nos describan estados de ánimo que los actores ya están dejando más que patentes con sus, en general, notables actuaciones.
Conocer, lo que se dice conocer, del reparto solo conozco a una sorprendentemente hermosa Angela Lansbury, en un papel secundario pero muy importante para el devenir de la historia y aunque todos están muy bien en sus diferentes papeles quiero destacar sobre el resto al desagradable "Lord Henry", encarnado por un George Sanders que consigue transmitir toda la flema británica y toda la altivez de la aristocracia frente a la bisoñez y a la simpleza incluso de la que hace gala Gray/Hurd Hatfield inicialmente y cuyo carácter se va viendo modificado más, en mi modesta opinión, por las influencias de "Lord Henry" y las consecuencias de los actos que dichas influencias hacen que Dorian realice que por el pacto sobrenatural que el joven haya podido hacer. En definitiva para mi Gray es un reflejo de cómo se puede pervertir la inocencia hasta llegar a reunir las peores características de la, en este caso, alta sociedad.
Algo que me encantó es la evolución del cuadro aunque no terminé de entender el recurso de mostrar el mismo en color en determinadas ocasiones, porque sin eso ya era sumamente inquietante, atreviéndome a decir incluso que lo es más en los cambios iniciales y más sutiles que en los más explícitos del final.
Una buena película y, a tenor de nuestra experta en el tema, buena adaptación de una novela que seguro tiene mucho sobre lo que debatir y pensar, al igual que lo tiene este film que, creo, no puede dejar a nadie indiferente pues, en el fondo, trata temas muy actuales como el hecho de hasta donde estamos dispuestos a llegar para conseguir nuestros fines y se demuestra además que la felicidad no está en las apariencias ni en las grandes cosas sino en las personas y en las cosas adecuadas.

lunes, 9 de marzo de 2015

Luz que agoniza podría haber sido un episodio de "Se ha escrito un crimen".

Esta es sin duda una de esas joyas del cine clásico que uno no se puede perder y estoy segura de que al Sr. Purgatorio también le gustó la visita al Londres victoriano.  Es tan listo que enseguida se dio cuenta de la clase de persona que Charles Boyer en su papel de Gregory, es.
"Luz que agoniza" o "Luz de gas" que es su traducción literal nos habla de la capacidad de una persona de manipular la mente de otra hasta el punto de hacerla creer que es algo que en realidad no es. No sé vosotros pero yo siempre he oído la expresión "hacer luz de gas a alguien", esto es, convencer a alguien de que ha hecho algo que no ha hecho o que ha dicho algo que realmente no ha dicho y todo esto con tal habilidad que uno realmente llega a dudar de sus actos y de sus dichos.
En esta película se nos muestra a una joven Ingrid Bergman soberbia en su actuación, lo cual le valió un merecidísimo Oscar. Una mujer que por momentos se la ve débil y pusilánime pero tan enamorada que acata sin rechistar cualquier orden o sugerencia de su esposo sin llegar a sospechar de la maldad que habita en su corazón y completamente convencida de que lo que hace es por su propio bien.
Angela Lansbury en su papel de criada descarada e impertinente tampoco tiene desperdicio, dan ganas de darle una bofetada. En su papel en la serie "Se ha escrito un crimen", también presenta esa faceta de señora impertinente y metete. Será que es lo que le va.
La atmósfera sombría y de algún modo siniestra recrea un ambiente de inquietud que envuelve al  espectador haciendo que éste llegue a sentirse frágil y vulnerable como la propia protagonista. Para mi gusto es una obra maestra del suspense y del thriller psicológico con un final que incuestionablemente es lo mejor del film. Pero esta es como siempre mi más humilde opinión ahora vendrá la que realmente interesa, la del hombre capaz de analizar hasta la llama de la lámpara de gas.
Como bien dice mi señora, me gustó y mucho la visita a ese Londres del que en realidad tan poco se nos muestra, ya que casi todo lo importante sucede en una mansión que esconde más secretos de los que pudiera parecer a simple vista, además de muchos recuerdos para nuestra protagonista, la bellísima y voluptuosa Ingrid Bergman, que está ciertamente sublime. La gestualidad de su rostro  sería vergonzosa para actrices de hoy como la chavala de Crepúsculo, porque Bergman es capaz de transmitirnos todas y cada una de las emociones por las que va pasando gracias principalmente a sus ojos, pero también al resto de su cara, de la cual no deja ni un músculo sin usar a lo largo del metraje.
Pero cuidado, que el brillo de esa rutilante estrella no os impida ver la no menos brillante interpretación de Charles Boyer, sin duda magnífico, tanto que solo con observarlo no es difícil saber cuáles son sus intenciones desde un principio y quizá sea ese uno de los problemas si estáis ya muy acostumbrados a ver thrillers o películas de suspense por ser más castellanos.
En "Luz que agoniza" se nos esconden algunas cosas pero solo las más importantes, porque el resto no son difíciles de descubrir. Lo que pasa es que quizá, si nos hubieran hecho pensar demasiado, nos habríamos perdido las maravillosas interpretaciones de todo el reparto. Algo similar a lo que sucedía con las apariciones de Hitchcock en sus propias películas, que distraían al espectador de lo realmente importante. Realmente, como en casi todo el cine clásico, el drama subyacente es casi siempre el más importante, el vehículo que nos transporta enseñándonos el misterio pero regodeándose en las interacciones entre los personajes, sobre todo los protagonistas.
Fue un placer descubrir a mi querida Angela Lansbury haciendo un papel mucho más cínico que por el que muchos de mi generación la conocemos principalmente, el de la señorita Fletcher. Si, Sra. Purgatorio, aquí es cargante igual que la susodicha señora, pero mientras en la serie era incluso tierna, aquí es de un cinismo más que patente y además divertido, poniendo el contrapunto al humor más típico y blanco del personaje de la señorona cotilla que conocemos en el tren. Joseph Cotten también lo borda como secundario, completando un reparto de muchísimos quilates.
Ojalá se siguiera haciendo hoy día este tipo de cine, donde importaban más la calidad de las interpretaciones y lo que nos transmitían, que sorprendernos con efectos especiales que aquí se reducen al titilar de una llama de gas. Ah, y ojalá hubiera pedido antes en "matrimonio" bloguero a la Sra. Purgatorio, porque no solo el Motel tiene más variedad, sino que además, ahora, me estoy obligando a ver cine clásico y disfrutando como un enano.