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viernes, 20 de febrero de 2015

Whiplash. Sigue tocando, sigue tocando.

Hay películas pequeñas que son grandes y grandes superproducciones que son tremendamente decepcionantes. Hoy vamos a hablar de una de las primeras, esta "Whiplash" que tiene el honor de estar nominada en cinco categorías en los "Oscar" de este año, incluido el de mejor película.
El inicio de la cinta ya es una declaración de intenciones de Damien Chazelle, director y guionista, dejando patente que lo importante en esta historia es la música, pero no el simple hecho de escucharla o disfrutar de ella, no, aquí se trata de la pasión, de vivirla como si fuera lo único que importa en tu vida, incluso más que las personas que te rodean, incluso más que tú mismo.
Con el punto de partida ya mencionado, no es sorprendente que, salvo Miles Teller y J.K. Simmons, el resto del reparto quede en un plano totalmente secundario, porque esos personajes no son más que vehículos que nos ayudan a conocer a los dos auténticos protagonistas. Si soy sincero, me resulta casi increíble que a Simmons se le considere actor de reparto aquí y no un co-protagonista. Es que la película es él en un, no sé, setenta por ciento. En todo caso, no es que Teller no esté a la altura, porque he de decir que, sin llegar al nivel de Simmons, me ha entusiasmado en su papel y, sinceramente, en sus dificultades para las interacciones sociales cara a cara me identifico muy mucho, aunque no dispongo de ninguna habilidad tan destacable como la de su personaje para tocar la batería.
Lo de Simmons ha sido como una especie de sublimación. Consigue que al terminar la película ames y odies por igual a "Terence Fletcher", porque en realidad su pasión por la música, por llevarla más allá es tan grande que te emociona, pero al mismo tiempo al recorrer ese camino es capaz de hacer lo que sea para obtener los resultados que persigue. Porque de eso va en realidad "Whiplash", de hasta dónde es necesario llegar o hasta dónde somos capaces de llegar para cumplir un sueño, sobre todo si es en un mundo, como el de la música en este caso, donde o eres el mejor, o quedas para tocar en directo en pubs.
Quizá si algo falla es que el guión, la historia que se nos cuenta, no tiene en realidad mucho de original, aunque se centra tanto en los entresijos, en las interioridades de lo que una orquesta de conservatorio es y significa que no sabes muy bien cómo posicionarte ante ese aspecto de la película a la hora de valorarla de cara a darle una nota.
En cuanto a la banda sonora, si os gusta el jazz y la percusión, sin duda disfrutaréis enormemente de los compases en los que la orquesta o los chavales no desafinan y odiaréis a Fletcher/Simmons cuando todo está yendo como la seda y alza su puño cerrándolo para detener a los músicos.
"Whiplash es una pequeña joya que nadie debería dejar de ver, no porque vaya a descubrir nada nuevo, pero si para entender, dentro de lo posible, qué mueve a esa gente que llega a lo más alto y que ese camino es muy, muy duro en determinados ámbitos. Lo que sacrifican, a lo que renuncian, cómo cambian por el camino. J.K. Simmons ganará el "Oscar" porque no sé si he visto a todos los demás, pero es imposible que nadie supere como actor de reparto lo que este caballero ha hecho en esta pequeña gran película.