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martes, 24 de enero de 2023

Capitana Marvel, rumbo a End Game

Poco o ningún conocimiento tenía yo de héroes de Marvel hasta que conocí a mi chico. El único superheroe que conocía era Superman que encima es de DC.
En cualquier caso mi mundo cinéfilo se circunscribía al cine de aventuras y al cine clásico que es lo que en realidad me apasiona. Los héroes de cómic nunca fueron santos de mi devoción pero nunca es tarde para aprender, y no solo para adquirir conocimiento de este apasionante mundo sino para que te llegue a gustar, como ha sido mi caso. (Gracias mi amor por abrir un mundo nuevo para mí).
Así que después de haberme enganchado a sagas cinematográficas como Los Vengadores o Guardianes de la Galaxia, no podíamos perdernos Capitana Marvel. Me fascinaron sus superpoderes que me recordaron mucho a los del propio Superman. Venida de otra galaxia nuestra heroína se verá envuelta en una guerra entre razas alienígenas que se disputa en la Tierra, intentando mientras tanto averiguar su propia identidad.
La protagonista Brie Larsson es una completa desconocida para mí pero comparte protagonismo con grandes veteranos del cine como Samuel L. Jackson o Jude Law eso sin olvidarnos de un lindo gatito cuyo papel tendrá una cierta relevancia como ya ocurriera con el gato de la genial película Men in Black.
Una película con acción a mansalva y un par de escenas postcrédito que no te puedes perder. Me encantan las películas de heroínas y women power y aunque ficción de sexo "débil" no tenemos nada. Ya sé querido que en ese sentido piensas como yo.

Por supuesto querida que no veo ni he visto nunca a la mujer como débil y en el tema de las adaptaciones de cómic, aunque hacía muchos años que no teníamos una película de Marvel protagonizada por una fémina (Elektra puede ser de infausto recuerdo pero es de origen marvelita y con Jennifer Garner como cabeza del reparto), en estas historias las mujeres no tienden a ser floreros.
Es maravilloso ser capaz de llevar a tu pareja a tu territorio, máxime si ese es el frikismo, y que a día de hoy podamos decir que no se nos pasa una cinta de esta temática que no disfrutemos juntos. Igualmente maravilloso ha sido este film de origen, que aunque para mi no iguala a otras como las primeras entregas de Iron Man, Ant-Man o la mencionada Guardianes de La Galaxia, si que consigue hacerte disfrutar y meterte en el pellejo de Carol Danvers mucho mejor que la floja, por no usar otro calificativo, Black Panther.

Pensando, me doy cuenta de que es cierto que a pesar de que Brie Larsson es una de las actrices que más fuerte ha pegado en estos últimos años, no hemos visto juntos ninguna de sus películas y puedo decirte cariño, y seguro que quienes nos leen estarán de acuerdo conmigo, que si aquí te ha gustado, tiene mucho más que ofrecer en otro tipo de roles en pantalla. Qué decir del resto del reparto, todos están a la altura dando lo que puede esperarse de ellos, ya sea con toques de humor o ayudando a que la sempiterna batalla entre el bien y el mal brille con luz propia al estilo Marvel.
En resumen, una historia correcta y muy entretenida que sirve para abrir boca de cara a esa película que, como bien sabes mi amor, me pone los vellos de punta cada vez que suena su fanfarria cuando vemos el trailer: Vengadores: End Game.

viernes, 14 de octubre de 2016

El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares y Burton recuperando su peculiaridad

No voy a negaros que siempre es difícil ir a una sala de cine  a ver el nuevo trabajo de un director que, en sus últimas obras, te ha dejado más bien indiferente pero yo soy de los que no abandona el barco fácilmente y ahí que me fui a visionar lo nuevo de Burton.
A simple vista pudiera parecer que la cosa no ha mejorado demasiado pero si nos fijamos en los pequeños detalles en pantalla, podremos descubrir al Burton más gamberro e incluso oscuro, a pesar de estar orientado más bien al público juvenil, que tanto echábamos de menos. No es el grande que disfrutábamos antes pero aun nos queda esperanza.
La trama no es especialmente profunda, no sé si en el libro en que se basa lo será más, pero está claro que lo que se busca es un producto de consumo fácil que no se detiene más de lo necesario para explicarnos el por qué pasan las cosas que pasan ante nuestros ojos. Seguramente eso no convenza a la mayoría pero bueno, el cine palomitero no está mal, sobre todo si está bien hecho.
Luego está el reparto, donde tenemos a Eva Green, que aparece menos de lo que muchos seguramente desearan y que, pena, penita, pena, aquí no enseña nada de sus atributos que según muchos era lo que valía la pena de la secuela de 300; para mi una mujer enseñando los pechos, por muy bien puestos que puedan estar, no me compensó por la falta de épica que tenía con respecto a la original. En resumen, que me voy por las ramas, Eva está bien pero el protagonismo real está más en la parte infantil del casting que en ella, incluso me atrevería a decir que Samuel L. Jackson acaba teniendo más protagonismo que el propio personaje de Miss Peregrine. Con respecto a este último he leído muchas malas críticas pero es que yo pienso que precisamente es lo que se busca, que el malo sea esperpéntico y Jackson lo consigue a las mil maravillas.
Una buena banda sonora, un ritmo que no decae y una batalla final digna de verse en pantalla grande, de nuevo por la infinidad de detalles y guiños al universo Burtoniano, completan un conjunto que, si bien no os va a reconciliar al cien por cien con el director, hará que cuando menos no salgáis del cine pensando que está acabado.

domingo, 17 de enero de 2016

Django desencadenado, al final faltaron las cadenas

Que Tarantino se moría por hacer un western y la mayoría de nosotros por verlo, con ese toque que solo el sabe dar a todo lo que rueda, es algo indudable y con Django él se quitó esa espinita y nosotros pudimos disfrutarlo.
Repleta de homenajes al género y de cosas que no le pegan ni con cola, hay canciones de la banda sonora que pertenecen más a barrios chungos de los EEUU que al "far west", estamos ante una cinta con las señas de identidad típicas de Quentin, esto es, un cuidado visual extremos, una sangre exagerada hasta el extremo y unos diálogos magníficos. Ah, se me olvidaba, también tenemos un reparto coral donde al menos en dos o tres personajes es difícil decidir si encuadrarlos en el rol de secundarios o si comparten el protagonismo de la historia.
Nos encontramos con una historia directa y que avanza a buen ritmo, manteniendo nuestro interés al tiempo que conocemos con cierta profundidad a los personajes principales pero también a todos los que les rodean, con momentos impagables como la llegada a la plantación regentada por Big Daddy/Don Johnson, con una conversación para enmarcar y que además pone de manifiesto lo estúpido de los principios en que se basaban los esclavistas para justificarse. También memorable la reunión posterior con la que al menos yo me parto la caja cosa mala.
Después de ese notable primer acto llega un segundo sobresaliente, donde vamos a encontrarnos a un tiempo con las tres joyas de la corona de este film, con todos mis respetos a Foxx, que no son otros que Waltz, DiCaprio y Samuel L. Jackson. La manera en la que dotan de esa personalidad y esas variantes a personajes tan estereotipados me pareció deliciosa y ya si la estás viendo en versión original, lo de Jackson es para quitarse el sombrero y hacerle una y mil reverencias. A veces no llega para un premio pero no puedo dejar de ver algo que roza la perfección en los pocos minutos, teniendo en cuenta la duración de la cinta, de que disfruta este actor.
Esta ha sido la segunda vez que veo Django y me ha vuelto a suceder lo mismo, esto es, quedarme con la sensación de que si Tarantino hubiera acabado la historia unos veinte o treinta minutos antes, estaríamos hablando de una obra a la altura de su mejor trabajo, en mi opinión, "Pulp fiction". No es solo que el metraje sea innecesario, es que a nuestro querido amigo se le va bastante la pinza, conduciéndonos hacia un clímax que sí, puede dejarnos con mejor sabor de boca, pero que pierde muchísima fuerza comparado con el resto del film.
Estamos ante una película que cabe recomendar por muchos motivos pero por el simple hecho de ver en su salsa y dándolo todo al trío de actores arriba mencionados quedaréis satisfechos. Si además de eso os gusta la manera de hacer cine de Tarantino, satisfacción garantizada.

jueves, 10 de diciembre de 2015

La guerra de las galaxias. Episodio III: La venganza de los Sith

Cuando se va aprendiendo de los errores y mejorando paso a paso, o película a película, es algo que hay que reconocer y en este caso, además, agradecer como fan de la mayor epopeya galáctica jamás contada/creada. Con unos primeros minutos que son, desde mi punto de vista, lo mejor de esta trilogía, y donde tenemos desde las tan ansiadas batallas de cazas a la vieja usanza, un R2-D2 pletórico poniendo el toque de humor que sólo ese pequeñajo sabe imprimir en la saga, hasta un nuevo enfrentamiento entre caballeros Jedi y Sith donde el Conde Dooku sufre del síndrome Smaug, algo que entenderéis quienes hayáis visto ambas trilogías. Quiero hacer mención especial a ese duelo entre destructores que nos trasladará a las historias de piratas donde los barcos solucionaban sus diferencias a cañonazos hasta que uno de los dos sucumbía.
A partir de ese momento comenzaremos a vivir una de las partes más tristes de este ficticio universo que es la caída definitiva de Anakin en el reverso tenebroso y que, si me permitís decirlo, no podríamos decir en una balanza que toda la culpa es solo suya, de su debilidad. Digo esto porque no solo en este film, sino también en los anteriores, no será una ni dos, sino varias las ocasiones en que le es recordado que no debe hacer lo que él considera, que siempre suele ser un acto en favor de otros, sino cumplir con su deber. El código, la vida del Jedi es tan exigente, tan restrictivo que al final no terminas de dilucidar en qué medida Vader nace por la oscuridad que todos albergamos y que Anakin no es capaz de controlar o por lo anteriormente mencionado, que como veremos será mucho menos estricto cuando aparezca Luke en escena. Es solo un pensamiento, supongo que muchos tendréis los vuestros y teorías u opiniones muy diferentes a la mía.
He de reconocer, aunque hace mucho tiempo que me pongo sensiblero con demasiada facilidad, que lo pasé muy mal cuando llega el momento de la traición a los Jedi. Son probablemente de los momentos más difíciles de digerir, cuando ves en la cara de alguien que entiende que ha sido traicionado por esos con quienes ha luchado codo con codo, por no hablar de los hechos que suceden en la academia donde se entrena a los jóvenes Padawans.
A diferencia de lo que me sucedió con "El Hobbit" que se veía obligada a hacer encaje de bolillos para enlazar la historia con la otra trilogía de Jackson, aquí me parece que George Lucas consigue que todo encaje a las mil maravillas para entroncarlo con lo que comenzaremos a ver en el cuarto episodio. En ese sentido, y en general con el guión, teniendo en cuenta que es una historia de fantasía y ciencia ficción no creo que se pueda pedir mucho más.
El elenco vuelve a estar correcto y Christensen me vuelve a convencer mucho más de lo que lo hizo en su día, lo cual no quiere decir que me parezca que su interpretación sea notable, la de ninguno me lo parece, pero en el fondo no dejamos de hablar de blockbusters donde lo que más importa son otras cosas. La desgana que se veía en prácticamente todos en la primera cinta ha ido desapareciendo, incluso en Jackson que quizá necesitaba más acción y menos Consejo Jedi para dar el pego como Mace Windu.
Veremos muertes y nacimientos que nos conducirán a la nueva generación que tendrá el protagonismo en los episodios venideros, de la historia, porque sabemos que se estrenaron antes los últimos que los primeros. No todos esos fallecimientos y alumbramientos serán físicos o literales pero a veces, cuando algo dentro se muere, lo que hay después ya poco o nada tiene que ver con uno mismo.
Un cierre mucho mejor de lo que recordaba, y he de reconocer que no recordaba casi nada salvo el final de la película, en el que Lucas y su equipo demuestran que fueron aprendiendo de los errores, cosa que ya vimos en la segunda entrega con Binks, prácticamente desaparecido y que aquí solo aparece en una escena por así decirlo, para dar a los fans si no todo, gran parte de lo que pedíamos y necesitábamos ver en pantalla. Conste que soy el primer sorprendido por lo mucho que me ha gustado su visionado con el mal recuerdo que guardaba de toda la trilogía.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

La guerra de las galaxias. Episodio II: El ataque de los clones

Ayer hablábamos del Episodio I, que sin ser una mala película, ya os decía que para mi estaba muy lejos de las originales, las cuales considero todas sobresalientes, y con ese ánimo me puse a ver esta segunda entrega de la trilogía más reciente.
En esta ocasión, desde los primeros instantes, todo transmite una sensación de un fruto que ha madurado algo más, todo se ve mejor, la historia abandona un poco la grandilocuencia de la anterior, cosa que a mi entender le favorece, y nos ofrece una trama que casi podríamos encuadrar en el cine negro o detectivesco pero con Jedis de por medio y con la historia de romance típica entre uno de los investigadores y la víctima de los ataques, una Amidala/Portman que, al igual que nuestro Anakin/Hayden Christensen, ha crecido aunque ella lo ha hecho en el terreno emocional mientras él lo ha hecho en el físico, porque el actor, a pesar de sus limitaciones, consigue transmitirnos muy bien esa falta de madurez que correspondería a un joven entrenado bajo el auspicio de alguien como Obi Wan/McGregor.
Seguramente lo dicho en el párrafo anterior es lo que hace que en esta ocasión el guión, que ya no está a cargo solo de Lucas, funcione bastante mejor, pues es ahora donde veremos el auténtico germen del que acabará siendo el Sith por excelencia. La incapacidad de Anakin para controlar sus deseos, tanto los más humanos como los de poder, mucho más peligrosos según iremos viendo al avanzar la película. No sé si porque me pilló con un buen día o porque la vi en VO pero he de reconocer que Christensen me ha gustado mucho en bastantes momentos, que no son precisamente en los que pone cara de malote, aunque algunos de esos también le salen muy bien. De niñato malcriado, a asesino despiadado, pasando por un joven contaminado por la soberbia, consigue plasmar bastante bien muchas de las emociones que le acabarán llevando al reverso tenebroso, sin olvidar esa parte de luz que todos tenemos aunque pueda acabar desapareciendo.
De nuevo me sobra y mucho Jackson que me convence menos como Jedi que aquella vez que comí un "Tigretón" por recordar viejos tiempos y me pareció asqueroso. Actúa mejor un ser digital como Yoda, aunque aun no me acostumbro a verlo dando esos saltos, que este hombre. Por fortuna estaba Christopher Lee para dar presencia y clase en la figura de Dooku que solo por su vozarrón ya te impone de una manera brutal.
Técnicamente se nota el salto en muchos aspectos respecto a su hermana mayor y encima tenemos de nuevo a Williams, siempre inspirado aunque no alcance las cotas de maestría de la trilogía original. Además de eso conoceremos de dónde salieron los soldados imperiales y cómo se inició la leyenda de uno de los personajes más carismáticos de la franquicia a pesar de sus contadas apariciones, Boba Fett, por no hablar de que al fin vimos a muchos Caballeros Jedi juntos en acción, algo impagable para fans.
De momento ha conseguido reconciliarme un poco con esta trilogía y cambiar el recuerdo tirando a muy malo que tenía de ella. Ah y para quienes no pueden ni ver a Jar Jar, tranquilos, su protagonismo aquí es meramente testimonial.

martes, 8 de diciembre de 2015

La guerra de las galaxias. Episodio I: La amenaza fantasma

Ponerte cualquiera de las películas de la saga que, probablemente, más haya marcado a toda una generación e incluso a las que han venido después y que se te ponga la carne de gallina solo con escuchar la fanfarria inicial de John Williams es todo uno. El problema llega cuando, nada más empezar lo que llamaríamos acción, se te viene todo ese subidón abajo, no de golpe claro, pero si paulatinamente cuando tu cerebro empieza a recordar por qué este inicio de la historia de Darth Vader, porque eso es lo que son las primeras seis películas, por mucho que nos molen Han, Leia, Luke, Chewie, etc. no te convenció en su momento.
Estéticamente es lo que esperas, con esos Jedis que siempre han demostrado no necesitar más que ropa simple para protegerse de cualquier cosa, porque a ellos, claro está, no los toca un disparo de blaster, o lo que sea, salvo que ellos quieran; unas naves y androides que también encajan a la perfección con lo que se grabó en nuestra memoria con la trilogía original y con localizaciones espectaculares como la ciudad sumergida de los Gungan —que luego curiosamente tienen unas armas y un ejército pensado completamente para luchar en la superficie— o tan familiares como el Tatooine de Anakin y ese ser, Wato, al que no le afectan los poderes mentales de los Jedi y que te hace pensar ahora en perspectiva, si no habría sido lógico que los usaran a ellos como asesinos cuando el imperio quería erradicar a la orden del universo conocido. Divagaciones mías en todo caso.
Pero la verdad es que esas elucubraciones vienen en parte por uno de los grandes fallos de esta primera cinta de la segunda trilogía de Lucas, que demuestra que el creador de la franquicia más rentable jamás creada no debió encargarse en 1999 de una de las partes más importantes, si no la más, de una historia como esta que todos queríamos conocer, el guión. No voy a decir que en el trío de películas originales fuera sublime pero si que sabía llevar mucho mejor los tempos de lo que es un film de aventuras. Pero no solo eso, no se consigue algo que si tuvieron los personajes de hace ya casi cuarenta años, alma y de eso, parte de culpa la tiene el trabajo de guión.
No obstante, vamos a ser justos y decir que esa ausencia de profundidad, de sentimiento, que nos hace muy difícil, por no decir imposible, identificarnos con casi ninguno de los personajes, se debe también a uno de los repartos menos motivados que yo recuerde en una superproducción de este calibre. Liam Neeson y Ewan McGregor no se creen ni a sí mismos y son principalmente soportables en los momentos de combate, donde destaca el final con Darth Maul —un villano cuyo único mérito para ser recordado es el original maquillaje de tatuajes tribales y que carece de toda la fuerza de Vader en pantalla— pero dan vergüencita ajena las más de las veces.
 Una Natalie Portman a la que es difícil exigirle gran cosa bajo esos vestidos en que la embuten en muchas de las escenas y que mayormente también se dedica a tener sonrisas bobaliconas en varios momentos; Jar Jar Binks, que aunque digital trata de sustituir el rol humorístico que tan bien realizaban R2-D2 y C-3PO, quedándose en un payaso sin gracia casi todo el tiempo, aunque tampoco considero que haya que matarlo como muchos; el peor de todos, no obstante, y a pesar de que disfruta de muy pocos minutos, es sin lugar a dudas Samuel "voy de Jedi en plan bad ass, nigga, como te pases un pelo llamo a mis colegas del sistema Harlem y te apalizamos" L. Jackson, que se ve patético en muchas de las escenas con una desgana y medio espatarrado ahí, que te dan ganas de darle una guantá.
Y esto es así, damas y caballeros. "La amenaza fantasma" consigue ser una buena película de entretenimiento a pesar de las muchas fantasmadas, valga el juego de palabros, gracias a un John Williams que está a la altura como compositor, una carrera de vainas quizá demasiado larga pero que es lo mejor de la cinta y a algunas batallas.
Por lo demás, está muy lejos de las originales y esperemos que lo esté también de la séptima que llegará en breve y que deseo no sea una decepción como lo fue esta en su momento.

viernes, 2 de octubre de 2015

Jungla de cristal III: la venganza, "Hot time, summer in the city..."

Simón dice que hoy he de hablaros de un caso extraño, el de una tercera parte de una trilogía —las nuevas entregas son algo independiente de esto— que supera con mucho a su predecesora, lo cual no era difícil, y que incluso, para mi, está un pelín por encima de la maravillosa primera entrega.
Simón dice que McClane/Willis y John McTiernan vuelven con toda la fuerza que le dio aquella personalidad y aquel empaque a la aventura inicial de este detective cínico, malhablado y que parece peleado con el mundo y que disfruta riéndose en la cara del peligro y de sus enemigos. Pero no solo eso es lo que hace grande a este regreso de uno de los mejores directores de cine palomitero que haya dado la industria del celuloide, sino la acertada decisión de incluir a una pareja de baile que le da la medida a Willis, me refiero, claro está, a Samuel L. Jackson; por si eso fuera poco, volvemos a tener un villano a la altura de nuestro héroe, con un Jeremy Irons que aun estaba en la cresta de la ola de la que cayó a un vacío casi insondable en los años posteriores.
Simón dice que un guión que sabe atraparnos desde el primer minuto de metraje, aunque la historia no sea una elaborada y profunda reflexión "nolanista", es algo que hay que valorar más que el oro más puro que podamos encontrarnos y eso es lo que tiene esta "venganza", que desde esa primera tarea que se encomienda a McClaine hasta el momento en que nuestro protagonista se da cuenta de la clave para resolverlo todo no nos da un momento de respiro. En ese no para constante tenemos unas conversaciones entre Willis y Jackson que no tienen desperdicio, como no lo tienen las sobradas de nuestro policía favorito en prácticamente todas las escenas. McTiernan sabe lo que faltó en la anterior cinta, en la que él no estuvo al mando, y corrige todos los errores y eleva los aciertos de aquella a la máxima expresión.
Simón dice que en el cine de acción el ritmo lo es todo y que muy pocas podremos encontrar que tenga más de eso que esta obra magna de esa forma de rodar en este género que tan abandonada se tiene desde finales de los noventa. Hay que saber manejar muy bien los tiempos para que todo encaje; que podamos conocer a los personajes y sus motivaciones, aunque estas sean simples, para poder identificarnos con ellos o cogerles ojeriza según el caso; que tengamos la sensación de que siempre va a pasar algo, que no nos van a aburrir con un segundo acto de relleno para luego atropellarse en la resolución y sobre todo que al espectador no le gusta que le engañen, darle lo que espera y desea cuando se sienta en esa butaca por la que, hoy en día, ha pagado un precio que le hace decidir entre ir al cine o tomarse un par de cañas con los amigos.
Simón dice que, donde hubo siempre queda y que McTiernan, el reparto y todo ese equipo que consiguió realizar escenas como las que debieron paralizar varias manzanas casi de la ciudad para llevarlas a cabo demuestran que se puede igualar e incluso superar aquel inicio sobresaliente y que es una pena que no la dejaran así, por desgracia la escasez de ideas de Hollywood es lo que tiene.