Mostrando entradas con la etiqueta Christopher Lambert. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Christopher Lambert. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de octubre de 2015

Los inmortales, solo puede quedar uno

Este domingo noche confirmé lo arriesgado y difícil que es acercarse de nuevo a esas películas que marcaron tu infancia y de las que tienes un buen recuerdo porque puedes encontrarte con que han envejecido tan mal que pasas de apreciarlas a darte cuenta de que te has vuelto demasiado exigente. En el caso de la que nos ocupa hoy ha habido una de cal y otra de arena.
La cinta sigue entreteniendo, la música de Queen es un plus que le da una fuerza en determinados momentos que te hace olvidarte de casi cualquier otra cosa y además tenemos a un Sean Connery que lo hace muy bien a pesar de su ridículo vestuario y a un villano de esos que solían abundar en los ochenta, que realmente te da mal rollito solo con verlo.
 Además de eso, es imperioso mencionar que estamos ante la, casi sin dudarlo, mejor interpretación de Christopher Lambert, un actor al que ves en la mayoría de su filmografía y no acabas de entender cómo consiguió protagonizar uno de los films con más solera de la década de los ochenta. Aquí está pasable pero es que, en serio, entre lo mal actor que es y los truñacos en los que ha participado no se entiende que con la cantidad de actores de acción que había en aquellos tiempos fuera este el escogido.
El problema es que tenemos esas cosas buenas, que no son pocas, y tenemos también el efecto nostalgia pero que es combatido por tu mente un poco más crítica a razón de la edad y de haber visto tantos bodrios. Entonces ves el montaje y el guión, nefastos a la hora de contarnos muchas partes de la historia, sobre todo del pasado de MacLeod, y con tantos pequeños agujeros que al final la película se convierte en una sucesión de paseos de un combate a otro que te acaba sabiendo a poco. Qué decir también de los efectos de sonido, esas espadas que al chocar suenan casi como diapasones o yo que sé y que demuestra, a mi entender, cierta dejadez a la hora de realizar ese trabajo porque recuerdo cintas de temática similar que eran mucho más realistas en ese sentido.
La trama es original para su época dentro de lo que cabe y eso es un punto a favor aunque, como ya he dicho, los fallos del guión te dejen en muchas ocasiones pensando si quien lo escribió es consciente de que el espectador no sabe qué es lo que ha sucedido demasiado bien. Posiblemente él lo tuviera en su cabeza y ahí todo encajara muy bien pero a mi me dejó varias veces con cara de "pero qué coño".
Si hay algo indudable, y en eso mantiene el espíritu ochentero de aquellas películas con las que crecimos, es que difícilmente te vas a aburrir viéndola, es entretenimiento puro y duro, lo cual ayuda a que tras ver los títulos de crédito del final te sientas satisfecho.
Tremendamente cutre en algunos aspectos, maravillosa en lo que a la selección de temas musicales se refiere y, siendo una de las que marcó a una generación, es obligatorio volver a verla si no lo has hecho en demasiado tiempo, aunque pases de recordarla como una de las grandes a meterla en el saco de las buenas películas sin más, guiado más por la nostalgia que por la objetividad. Espero que el próximo acercamiento que haga a mi infancia me deje mejor sabor de boca.
Nota: 6

viernes, 11 de septiembre de 2015

Mierdal, digo Mortal Kombat

En ocasiones te apetece echarte a los ojos una de esas películas que ya te pareció mala incluso cuando aun eras un chaval para comprobar con más experiencia cinéfila hasta qué punto llega lo nefasto de dicha producción. La elegida fue esta infame cinta que en su momento, si no recuerdo mal, vi en el cine.
Desde los primeros segundos ya te das cuenta de que la calidad visual era más o menos la que podías encontrar en los capítulos de los "Power Rangers" y las actuaciones más o menos lo mismo. Pocos efectos especiales tan cutres como los que aquí nos tratan de colar como algo grande encontraréis nunca, teniendo en cuenta la licencia tan potente que se consiguió con este famoso videojuego de combates uno contra uno. Lo de la cadena que lanza Scorpion es para mear y no echar gota.
Pero seamos sinceros, es que todo es patético, con esos looks que no sabes si los tomaron de los setenta, en el caso de Liu Kang, o es que se les fue la mano con la laca. Y el vestuario.... Qué decir de eso, con personajes como Sub-Zero, Rayden o Sonya Blade, cuyas vestimentas parecen salidas de los chinos, la mendicidad o un "Coronel Tapioca" de baratillo respectivamente. Verlos daba asquito y pena a la vez.
El único actor medianamente conocido es Christopher Lambert, empeñado como siempre en demostrar que, salvo la primera de "Los Inmortales", poco más tiene que no te den ganas de llorar y encima aquí va como de guay con esas sonrisitas que suelta, rematadas por esos rayitos de electricidad que juguetean en sus inexpresivos ojos, aunque con eso igual sale ganando y todo. El resto son tan olvidables que, la verdad, ni me he molestado en mirar sus nombres.
Hay algunas ocasiones durante el metraje en que llegas a tener una esperanza de que no todo sea en plan bazofia, a lo cual ayudan algunos de los escenarios y partes de algunos combates, pero el espejismo dura más bien poco cuando ves a Scorpion quitarse la máscara o cómo algunos luchadores pasan de estar dando casi una clase magistral de artes marciales a hacer llaves que firmaría el mismísimo Bud Spencer.
Errores como el de este film no son extraños, donde se da una licencia de renombre al primero que pasa por ahí —Uwe Boll os saluda— y supongo que Paul W.S. Anderson no contaba con el mayor presupuesto de la historia de la adaptación de videojuegos al cine pero creo que el producto final demuestra una desidia y una falta de profesionalidad absoluta y que lo único que debía importar a los productores y al propio director era aprovechar el tirón para sacar la mayor tajada posible.
Si no os importa que os sangren los ojos y sois de esos sufridores que se ven incluso los peores truños que pasan por delante de vuestros ojos con esta lo pasaréis bien y os descojonaréis de lo lindo porque hay momentos que parecen hechos por becarios de becarios de efectos especiales. Además tiene un tufillo añejo con ese Goro que bien podría haber sido creado por Jim Henson para alguna de sus maravillosas películas de los ochenta. Para el resto no solo deberíais huir de ella sino que incluso os recomendaría que olvidarais haber leído esta crítica y cualquier recuerdo de su existencia.
Nota: 2