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domingo, 25 de octubre de 2015

La cumbre escarlata, genial ambientación lastrada por un pobre guión

Una de las películas más esperadas del año, al menos por el gran público, es esta fantasía gótica que Guillermo Del Toro ha decidido rodar para su regreso al cine después de estar ocupado con "The Strain", serie que se basa en una trilogía de novelas escritas por el propio director. He de reconocer que era también de las que más ganas tenía de disfrutar en la gran pantalla, porque si algo sabe hacer este realizador es atraparme con sus ambientaciones, como lo hace también Tim Burton.
La forma en que se nos muestran las apariciones y otros sucesos escabrosos son marca de la casa, pues Del Toro es, como King en la literatura, un maestro de lo truculento, plasmando muchas cosas de manera que te asquean y fascinan casi por igual, como pasaba en "El laberinto del Fauno". En ese sentido hay unas cuantas tomas muy explícitas que quizá puedan dejar un poco tocados a los más sensibles, aunque de manera puntual y sin recrearse.
Desde el principio nos sentimos transportados a aquella época, tanto por el trabajo de vestuario —qué difícil tenía que ser dormir a gusto con esos camisones— como las localizaciones, con el culmen que supone la casa que se sitúa en la cumbre que da nombre a la película.
Nos encontraremos con una historia de fantasmas a la antigua, tan a la antigua que parece que el desarrollo de la trama pudiera estar calcado de cualquier película o serie anterior que haya tratado ya el tema. Ese es el gran problema de la cinta, que no consigue sorprender en ningún momento y encima recurre a los sustos fáciles, basado más en impactos de sonido que en crearnos una desazón real antes de cada presencia que se manifiesta en la casa. En ese aspecto esperaba algo más la verdad.
Si los aspectos técnicos son lo más destacable, no le anda a la zaga el trabajo del trío de protagonistas, con una Jessica Chastain que va de menos a más, convirtiéndose al final en la verdadera protagonista aunque no lo sea. Tom Hiddleston sigue demostrando que, a pesar de no tener tan buen cartel como otros ni mover los ánimos femeninos con la misma intensidad que los galanes de moda del celuloide, está a la par o incluso por encima de alguno de ellos. También bien aunque a distancia de sus compañeros tenemos a Mia Wasikowska, cuyo personaje, al igual que su actuación, va sufriendo altibajos.
Estamos ante una buena película, un ejercicio estético de altos vuelos que, posiblemente, pueda incluso estar nominada en alguna de esas categorías en los premios que están por venir en los próximos meses pero que peca de simplista en su desarrollo y desaprovecha una magnífica ambientación limitándose a meternos el miedo en el cuerpo de manera efectista.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Pacific Rim, así debería haber sido Transformers a partir de la segunda entrega

En su día, después de una primera entrega esperanzadora, todos esperábamos que Michale Bay fuera capaz de hacer una franquicia digna con la licencia de aquellos robots que se escondían entre nosotros en forma de vehículos y con los que muchos crecimos; no obstante, fue Guillermo del Toro quien, con una historia de Mechas dio la auténtica medida de lo que podía ser un espectáculo visual que no diera vergüenza ajena como si la causaban las continuaciones de Transformers.
Acertadamente, no se pierde mucho tiempo en explicarnos cómo la humanidad creó estas máquinas gigantescas para poder defenderse de unas criaturas llegadas de otra dimensión, aunque si que veremos cómo se inició todo y se nos contará algo que va a ser de la máxima importancia: los "Jaeger", que así se llaman los robots de marras, deben ser tripulados por dos personas con una conexión emocional que hace muy complicado que cualquiera pueda llegar a ser piloto.
Si aun no habéis visto esta orgía de acción y destrucción, yo la vi en cine y hace poco he vuelto a visionarla en casa, tenedlo claro antes de sentaros frente a la pantalla, el guión es más básico que el mecanismo de un chupete porque de lo que se trata aquí es de ver en acción a esos seres mecánicos, enfrentándose a los "Kaijus", así se llaman las criaturas, para salvar al mundo.
Es ahí, en las batallas, donde está el mayor acierto del director mejicano y su equipo, porque pese a no darnos respiro, es mucho más sencillo seguir el desarrollo de las mismas que en la mayoría de cintas de acción de la última década, donde el tembleque de la cámara en unos casos o el movimiento demasiado rápido de la misma, marea más que otra cosa. Es destacable cómo se nos presentan las diferentes capacidades en combate de los diversos robots que pasarán por pantalla y que en algunos casos, como cuando van a dar un puñetazo con la máxima potencia, son mucho más realistas de lo que podríamos esperar. Capítulo aparte para algo que siempre pedimos los aficionados de los videojuegos, que el entorno sea totalmente interactivo y aquí lo es; los "Jaeger" usan todos los medios disponibles a su alcance independientemente de su tamaño.
En cuanto a los monstruos, la mezcla de animales que presentan y sus poderes dejan a mi entender en bragas al nuevo Godzilla que llegó a nuestras salas en 2014. También en este aspecto me quito el sombrero ante Guillermo y su cuadrilla.
Algo que no podemos negar es que las actuaciones no os van a dejar marca especialmente aunque todos cumplen a la perfección con los personajes que interpretan. Destacaría a Idris Elba y los cameos de Ron Perlman y Santiago Segura, siendo este último un destripe andante en las producciones de su colega mejicano al nivel de Sean Bean. Todo es muy épico, testosterónico e incluso patriótico y es en esa grandiosidad en lo que se centra la historia y la destacable banda sonora de Ramin Djawadi, compositor de la tan conocida melodía de "Juego de Tronos".
Estamos ante una cinta tremendamente recomendable para quienes disfrutan del anime de "mechas" y para esa gente que de vez en cuando le gusta sentarse frente a la pantalla con la única aspiración de pasarlo bien. Si sois muy exigentes o de cine independiente y a pequeña escala es mejor que volváis a cerrar la puerta de esta habitación y sigáis buscando.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Blade II Acción gamberra y sin freno de la mano de Del Toro

Hacía mucho que no veía esta segunda entrega de Blade y algunas cosas, las más cutres, no las recordaba. La memoria que es muy selectiva. En realidad lo peor es el inicio con esa voz en off de Blade/Snipes contándonos la trama de la primera al estilo de lo que ocurre, por ejemplo, en muchas series de televisión y la verdad, para una película de cierta calidad queda un poco "meh".
Una vez pasada esa vergüenza veremos leches y disparos a espuertas en los minutos iniciales en los que Blade realiza un rescate de esos inverosímiles que tanto molan en este tipo de cintas. Digo lo de inverosímil porque, seamos sinceros, llega un momento en que tú piensas, vale que Blade, o el héroe que sea, es la pera limonera, pero es que los que defienden el lugar son nivel uno y Blade nivel cien...
Como Whistler/Kris Kristofferson se había tomado un descanso, nuestro vampiro tiene un nuevo fabricante de juguetitos, Scud/Norman Reedus, tan conocido hoy por The Walking Dead pero un don nadie por aquellos tiempos.
La trama se reduce a que los vampiros, a los que Blade masacra sin piedad, solicitarán su colaboración para acabar con una nueva clase de chupasangres, los "Segadores", unas simpáticas criaturas que a la hora de alimentarse tienen unas bocas a medio camino entre los "Predators" y los "Aliens". De esta última saga, de su segunda parte en concreto, toman casi todo, pues al fin y al cabo se trata de una cacería de bichos y sustituimos a los marines por un grupo de soldados de elite vampíricos que, la verdad, molan mucho. Sus maneras de pelear son variadas, lo cual da mucho juego en las numerosas escenas de acción. Blade sería más el Apone de aquella maravillosa peli de los ochenta que una Ripley.
Como casi siempre en estas producciones, no se puede esperar gran cosa de las interpretaciones, pero Snipes vuelve a estar correcto, pese a las sobradas con las gafas de sol, otra ridiculez que sobraba. Su manera de tratar a sus "aliados" vampiros, sobre todo al interpretado por Ron Pearlman, actor fetiche de Del Toro, plasmarán el humor típico de este tipo de films. De los demás, destacar a Reedus, en el que son reconocibles muchos gestos que vemos a día de hoy en su Daryl, que hará de sus féminas seguidoras de hoy que no recordaran que salía en esta película.
Opino que se cometió un fallo al querer hacer los combates tan espectaculares que necesitaran de realización digital de los mismos, porque se nota muchísimo que no son los actores de verdad y queda fatal, pero fatal. Por fortuna esto solo sucede en un par de ocasiones.
Aquí el guión de David S. Goyer ya va bajando enteros y pocos momentos destacables tiene, profundizando muy poco en la historia y demostrando de nuevo que, el hacer interesantes los romances no es lo suyo. No lo consiguió en la primera entrega, donde el personaje femenino al final sirve de poco, ni aquí, donde la hermosa Nyssa/Leonor Varela funciona como fémina de armas tomar pero poco más.
Otro fallo que se comete es que el malo principal Nomak, el "Segador" original, pese a disfrutar de algunas escenas en las que ayuda a hacer avanzar la historia, en el fondo no es más que otro de los muchos bichos a los que hay que cazar y esta es una caída libre que Goyer inicia aquí y se rematará en la tercera pero de eso ya hablaremos mañana.
Estamos ante una buena película de acción, por debajo de la primera entrega, porque, pese a que el guión de aquella no es que fuera una maravilla, tenía algo más de chicha. Muy simpático el cameo de Santiago Segura y grandes momentos de humor con Blade y sus bravuconadas. Ideal si te gusta ver cine sin más pretensiones que el entretenimiento puro y duro. Eso si, de nuevo, no es apta para toda la familia como si suelen serlo las producciones basadas en cómics Marvel.