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viernes, 2 de enero de 2015

Odio en las entrañas. El Sean Connery más reivindicativo.

Viendo que con mi voto supera en poco los setecientos en Filmaffinity imagino que esta una película tan desconocida para la gran mayoría como lo era para mi cuando le propuse verla a mi compañera cinéfila. Al menos con esta la cosa salió mejor que cuando arriesgamos con la de Amor y odio.
El inicio es bastante lento y totalmente carente de diálogos e incluso de personajes que poder identificar, pues lo más que vemos de ellos son sus manos mientras preparan el primer sabotaje en las minas. En ese sentido todo es muy directo y nos pone en situación sin recurrir a demasiadas explicaciones. Esto último es algo difícil de ver a día de hoy pero que en cine clásico o antiguo voy descubriendo que es bastante habitual. Lo de los diálogos cambiará, pero el ritmo del film será el mismo.
Es esta una cinta dura y realista sobre lo que debieron vivir a finales del siglo XIX la mayoría de trabajadores aunque aquí nos centramos en los inmigrantes irlandeses porque EEUU es la tierra de las oportunidades, pero también lo ha sido y es de la explotación, como pasa en todo país por civilizado que sea, con aquellos que llegan de fuera y aceptan cualquier trabajo con tal de tener algo de comer que llevarse a la boca. Cuando veo estas cosas y, pese a lo mal que está el tema actualmente, no puedo entender cómo hay gente que trata de extrapolar aquellas situaciones a la actualidad.
Dice la única crítica de Filmaffinity que es uno de los primeros grandes papeles de Connery y es verdad, su actuación es notable, pero desde mi punto de vista, casi me atrevería a decir que Richard Harris lo iguala y que, en el fondo, su historia es la auténtica protagonista según avanza el metraje. También hay que decir que el personaje de Harris es más agradecido porque posee mucho más matices que el resto y eso ayuda aun más a que la labor de este gran actor destaque.
El tono dramático de la historia estará presente desde el minuto uno hasta el final, que en cierto modo sorprende por lo que hemos ido viviendo con los personajes que lo protagonizan. También disfrutaremos o sufriremos, según se mire, con una hermosa pero difícil historia de amor que es quizá la que más descansos nos da dentro de una trama que avanza muy poco a poco y cuyos momentos más interesantes se desarrollan en las reuniones de los cabecillas de la sociedad secreta que da nombre a la cinta en su versión original.
La gran dirección de Martin Ritt, acompañada de la hermosa fotografía de la que goza el film pese a lo oscuro de algunos tramos del mismo, y la siempre acertada labor de Henri Mancini a los mandos de la orquesta terminan de rematar una película que es digna de ser disfrutada.
Este es un tipo de cine que cada vez se ve menos a día de hoy, con mucha pausa pero que tiene mucha chicha que cortar si te gusta el cine social. Considero que solo por el duelo interpretativo de sus dos protagonistas y por el romance que se desarrolla, no sin dificultad, es digna de verse. Es evidente que para quienes gusten de más acción o de una narración más ágil se puede hacer tremendamente pesada. Vosotros decidís.