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domingo, 23 de noviembre de 2014

True Detective. Temporada 1. ¿Obra maestra? Para mi no.

De por si, no soy mucho de calificar a nada como obra maestra o la mejor película o serie de la historia. Es pecar de soberbia decir eso cuando es imposible que nadie haya visto todo lo hecho para saber que eso ante lo que se está merece tal calificativo. Yo sé lo que me gusta nada, poco o mucho y dentro de esos baremos me muevo siempre. Es por eso que siempre cojo con pinzas cualquier producción que la crítica o la gente me venda como "lo mejor que verás en tu vida" y frases de similar calado.
Con ese recelo pero con ganas me puse a ver "True Detective" con un Matthew McConaughey que lleva ya unos añitos en estado de gracia y un Woody Harrelson que hace ya tiempo regresó al buen camino también y es una gozada verle haciendo lo que sabe hacer.
Es indudable que ellos dos, sus personajes, son lo mejor con diferencia de esta primera temporada de una serie que, para mi, no deja de ser una serie policial más y que sigue la moda de la pareja de detectives que investigan un caso de esos que te revuelve las tripas. De lo que yo he visto, me recuerda en algunos momentos a Hannibal.
Si he de ser sincero, los momentos que más he disfrutado han sido los que menos acción tienen, es decir, cuando Rust Cohle/Matthew McConaughey y Martin Hart/Woody Harrelson son entrevistados/interrogados y donde McConaughey se muestra más camaleónico, no solo por la caracterización, sino por el cambio del personaje, mucho más acusado que el del detective interpretado por Harrelson.
De factura técnica impecable y con una banda sonora muy buena y adecuada a la zona y a la época donde se desarrolla la acción y con una de las intros que más me han gustado en los últimos tiempos, me parece que la serie falla en algo fundamental para llegar a ese pedestal tan alto en la que la sitúa casi todo el mundo; me refiero a la historia, al guión.
No hay nada nuevo en realidad y las charlas existencialistas a las que Rust somete de vez en cuando a Martin no me son suficientes para decir que me están contando algo que no me hayan contado antes mil veces en series del estilo. Nada de lo que va pasando te sorprende realmente. Detective que no es capaz de olvidar un caso y que le afecta tanto como para dejarle hecho una piltrafa, los roces entre compañeros y su jefe cuando les presionan para resolver el tema con la mayor celeridad... no me malinterpretéis, pero si me dicen que algo es una maravilla espero al menos algo que me haga exclamar "¡¡Ohhhh!!" según avanza la trama. Sé que la originalidad es casi imposible a día de hoy pero si algo que diferencie tu historia de las otras, no sé, veinte o treinta series policiacas en antena.
A lo peor, los que hayáis leído hasta aquí pensáis que la serie me ha parecido mala pero no es el caso. El problema es que me esperaba algo de sobresaliente y no es lo que he encontrado, no al menos en todos sus aspectos. Lo es en las interpretaciones de los dos enormes actores protagonistas y en la factura técnica y la dirección pero lo que nos cuentan lo podemos ver casi cada semana en varias series más.
Una buena serie y recomiendo verla aunque solo sea por disfrutar de McConaughey y Harrelson pero avisados quedáis, se os puede hacer tremendamente lenta y pesada en determinados momentos. No es que eso sea malo per se, pero no esperéis acción a lo loco y disparos a mansalva. Es casi pura y exclusivamente trabajo de investigación aunque tendrá sus momentos más intensos y moviditos.

martes, 4 de noviembre de 2014

Código Fuente. Ocho minutos para salvar al mundo.

Hoy os hablaré del segundo largo de Duncan Jones, director de Moon y que ayer tuvo su crítica en el blog. Se nota que el británico disfrutó aquí de un mayor presupuesto; ventajas de irte ya a los U.S.A. cuando has tenido un cierto éxito con tu primer trabajo.
Es ese hecho, el de tener más recursos, el que hace que el resultado con Código Fuente sea agridulce y notemos además la influencia de Hollywood. A lo largo de la crítica me iré explicando.
La premisa es interesante y en cierto modo nos recordará a "Deja Vu" de Denzel Washington, "Atrapado en el tiempo" con Bill Murray o la más reciente "Al filo del mañana" de Tom Cruise. Lo que las diferencia es que aquí el protagonista, Colter Stevens/Jake Gyllenhaal, es consciente casi desde el principio de que está viviendo un bucle temporal, pues descubriremos en los primeros minutos que forma parte de un proyecto militar destinado a acabar con la amenaza terrorista.
Stevens dispondrá de los ocho minutos previos al suceso que debe evitar en un tren que se dirige a Chicago para cumplir con su cometid. Como es de esperar, necesitará revivir ese momento en numerosas ocasiones para poder llevar su investigación a buen puerto y es aquí donde Duncan Jones nos sigue demostrando su gran manejo del ritmo y del género de thriller.
Para Stevens será imposible no empatizar con los viajeros, hasta tal punto que la historia acabará girando en torno a la relación entre él y una de las pasajeras, Michelle Monaghan, con lo cual salvar dicho tren se convertirá en algo personal para el militar.
Según evoluciona el film descubriremos que Stevens se encuentra en una especie de cápsula donde su única comunicación con el exterior se produce a través de una pantalla; al otro lado estará una mujer, también militar, interpretada por mi gran debilidad en los últimos dos años, Vera Farmiga.
Las interpretaciones de los tres actores principales son una de las ventajas del mayor presupuesto, pues Gyllenhaal nos presenta un personaje bien construido y cuya evolución a lo largo de la cinta será la que mayor variedad de registros tenga; Monaghan nos irá enamorando como corresponde a su rol, hasta quedar tan prendados de ella como el protagonista y Farmiga esta correcta como interlocutora ambigua que da, pero no termina de dar la información que le es requerida por Stevens cuando comienzan a surgir las dudas.
El ritmo es aquí mucho más frenético que en Moon, más al estilo americano, aunque el guión no trata de escondernos casi nada, más allá de lo estrictamente necesario para mantenernos pendientes de la pantalla, al igual que en la película mencionada. Es curioso, sin embargo, que Jones no toma parte en dicho guión y que es ahí, donde llega el mayor fallo de la película. Después de que nos hagan dar por sentado que ciertas cosas son así y no pueden ser de otra manera, nos "engañan" en el tramo final para darnos un final no amable, como el de Moon, sino un "happy ending" que no casa en lo científico, teniendo en cuenta que es ciencia ficción, con lo que nos habían explicado hasta ahora sobre el código fuente.
La conclusión es que estamos ante una historia entretenida y bien construida hasta que llega la parte final, pero que demuestra cómo algunos realizadores se "venden" demasiado pronto a la industria, porque estoy seguro que de haber dependido en mayor parte el guión de Jones, habría sido más redondo.
No es una mala película y no pierdo la fe en su director ni mucho menos, pero tengo la sensación de que algo que podía haber sido mucho mejor se queda en simplemente interesante.