sábado, 3 de octubre de 2015

El desconocido, su director ya no lo será más después de un debut así

Siempre tengo mucho miedo cuando el grupo de televisión correspondiente nos mete su nueva producción española hasta en la sopa aunque en esta ocasión, la presencia de Luis Tosar como protagonista contrarrestó muy bien ese efecto y me moría de ganas por ver esta cinta.
Que Dani de la Torre, con solo un corto y una miniserie para la televisión gallega, haya sido capaz de rodar de esta manera, con ese manejo de los tiempos, con ese pulso seguro que nos lleva sin pausa de un sitio a otro de La Coruña, y sabiendo sacar lo mejor de la mayor parte de su reparto me hace pensar que, si no se queda por el camino como tantos otros, tenemos un diamante en bruto que esperemos que se vaya puliendo y no sea flor de un día.
Como sucedía en Locke hay llamadas que pueden cambiar tu vida para siempre, con la diferencia de que aquí abandonamos el tono pausado y dramático por una acción desenfrenada en muchos momentos aunque el elemento común es que todo lo importante se desarrolla sin salir del coche ni un segundo. Es curioso que siendo dos films parecidos pero a la vez tan diferentes, me hayan llegado ambos de la manera en que lo han hecho.
Lo hablaba el otro día en twitter; desde el primer momento me identifiqué total y absolutamente con Carlos/Luis Tosar y con la situación que vive con sus dos hijos en el asiento trasero, los míos son más pequeños pero me era imposible no pensar en ellos cuando veía a la magnífica Paula del Río, que espero que se alce con el Goya a actriz revelación, sufriendo por la suerte de su hermano, el cual cuando hablaba me recordaba a mi peque, en esos momentos en que están pachuchos y se te parte el alma porque no hay nada que realmente puedas hacer.
No quiero dejar de destacar al resto del elenco de secundarios, con unos Javier Gutiérrez, Goya Toledo y, especialmente, Elvira Mínguez que cumplen con su cometido a la perfección. Quien me sobraba un poco en algunos momentos del operativo policial era Fernando Cayo que, no solo a ratos no resulta muy creíble, sino que pierde por mucho el enfrentamiento en cuanto a interpretación con Mínguez. En todo caso lo importante en el desarrollo de la trama es lo que sucede dentro del vehículo porque todo lo demás es un añadido que sirve para rellenar los momentos de pausa que el guionista quiere darnos para luego seguir en otro crescendo.
A pesar de lo que se empeñan en nuestro país en destriparnos las películas en los trailers, alguna sorpresita que otra nos llevaremos y además hay que ser consciente de lo que vamos a ver, esto es, un thriller de acción donde más que la profundidad de la historia, lo que importa es la tensión que sea capaz de transmitirnos y producirnos. En mi caso personal hubo ratos en que lo pasé muy mal por empatizar demasiado con lo que está sucediendo pero al mismo tiempo disfruté enormemente de ver que en nuestra industria tenemos cada vez más productos de calidad y en géneros muy variados, por no hablar de monstruos de la actuación como Luis Tosar. No os la perdáis.

viernes, 2 de octubre de 2015

Jungla de cristal III: la venganza, "Hot time, summer in the city..."

Simón dice que hoy he de hablaros de un caso extraño, el de una tercera parte de una trilogía —las nuevas entregas son algo independiente de esto— que supera con mucho a su predecesora, lo cual no era difícil, y que incluso, para mi, está un pelín por encima de la maravillosa primera entrega.
Simón dice que McClane/Willis y John McTiernan vuelven con toda la fuerza que le dio aquella personalidad y aquel empaque a la aventura inicial de este detective cínico, malhablado y que parece peleado con el mundo y que disfruta riéndose en la cara del peligro y de sus enemigos. Pero no solo eso es lo que hace grande a este regreso de uno de los mejores directores de cine palomitero que haya dado la industria del celuloide, sino la acertada decisión de incluir a una pareja de baile que le da la medida a Willis, me refiero, claro está, a Samuel L. Jackson; por si eso fuera poco, volvemos a tener un villano a la altura de nuestro héroe, con un Jeremy Irons que aun estaba en la cresta de la ola de la que cayó a un vacío casi insondable en los años posteriores.
Simón dice que un guión que sabe atraparnos desde el primer minuto de metraje, aunque la historia no sea una elaborada y profunda reflexión "nolanista", es algo que hay que valorar más que el oro más puro que podamos encontrarnos y eso es lo que tiene esta "venganza", que desde esa primera tarea que se encomienda a McClaine hasta el momento en que nuestro protagonista se da cuenta de la clave para resolverlo todo no nos da un momento de respiro. En ese no para constante tenemos unas conversaciones entre Willis y Jackson que no tienen desperdicio, como no lo tienen las sobradas de nuestro policía favorito en prácticamente todas las escenas. McTiernan sabe lo que faltó en la anterior cinta, en la que él no estuvo al mando, y corrige todos los errores y eleva los aciertos de aquella a la máxima expresión.
Simón dice que en el cine de acción el ritmo lo es todo y que muy pocas podremos encontrar que tenga más de eso que esta obra magna de esa forma de rodar en este género que tan abandonada se tiene desde finales de los noventa. Hay que saber manejar muy bien los tiempos para que todo encaje; que podamos conocer a los personajes y sus motivaciones, aunque estas sean simples, para poder identificarnos con ellos o cogerles ojeriza según el caso; que tengamos la sensación de que siempre va a pasar algo, que no nos van a aburrir con un segundo acto de relleno para luego atropellarse en la resolución y sobre todo que al espectador no le gusta que le engañen, darle lo que espera y desea cuando se sienta en esa butaca por la que, hoy en día, ha pagado un precio que le hace decidir entre ir al cine o tomarse un par de cañas con los amigos.
Simón dice que, donde hubo siempre queda y que McTiernan, el reparto y todo ese equipo que consiguió realizar escenas como las que debieron paralizar varias manzanas casi de la ciudad para llevarlas a cabo demuestran que se puede igualar e incluso superar aquel inicio sobresaliente y que es una pena que no la dejaran así, por desgracia la escasez de ideas de Hollywood es lo que tiene.

jueves, 1 de octubre de 2015

Everest, subir no era lo complicado

Con las películas basadas en hechos reales dramas siempre, acaben bien o mal, más importante que la calidad en si de la historia o de la fidelidad de la misma a lo que pasó es la capacidad de conectar, de empatizar con lo que estamos bien en la pantalla. Con "Everest" eso se eleva a la máxima expresión.
La trama es tan ligera que se centra en prepararnos para lo que tiene que tocarnos la patata y ahí llega el gran fallo de la cinta, que hay demasiado que contar para el tiempo del que se dispone. Entiendo que se quiso homenajear de alguna manera a todos y cada uno de los montañeros que sufrieron aquel descenso infernal pero es eso lo que hace que no podamos implicarnos personalmente con prácticamente ninguno de ellos.
No se puede decir que el reparto no haya dado lo mejor de cada uno pero es que disfrutan de tan pocos minutos y tan pocas líneas de diálogo que las capacidades de Jason Clarke, Josh Brolin, Jake Gyllenhaal y Emily Watson a pesar de quedar patentes, nos sentiremos como si nos dieran el azucarillo y nos lo quitaran cuando empezamos a apreciar el dulzor en nuestra lengua. Keira Knightley también está correcta y esta vez me gustó ver a un Sam Worthington actuando de verdad y no eso que hacía con los Titanes; vale, su papel es muy cortito pero realmente te lo crees como montañero y cuando el tema se vuelve más dramático da la talla.
Visualmente es un disfrute para los sentidos, con esa montaña que es a la vez tan hermosa y mortal, esto último algo que todos quienes se enfrentan a ella asumen y ese es un detalle que iremos comprendiendo sobre todo en la recta final del film. A ese respecto no deja de ser impactante ver cómo la competitividad hace que los diferentes grupos de escaladores tengan sus más y sus menos sobre quién o cómo debería acometer primero la ascensión pero luego en cuanto surge el más mínimo problema nadie piensa, simplemente actúan y se ayudan unos a otros con todas sus escasas fuerzas.
Creo que esa fue la clave que me hizo conectar a mi con la historia y que me ocasionó una tremenda angustia en los minutos finales en los que, al no saber nada de lo que sucedió en aquel mes de mayo de 1996, se me hizo tremendamente duro asistir a la lucha y el sufrimiento de unos seres humanos que eran menos incluso que hormigas frente a la fuerza de los elementos. El nudo en el estómago no me abandonó hasta que se encendieron las luces de la sala.
No os voy a engañar, esta no es una gran película en lo que se refiere a las interpretaciones, cosa que a muchos nos mueve a ir al cine por ver a este o aquel actor/actriz, ni lo es como biopic porque en ambos casos nadie tiene suficiente protagonismo para que cale en nosotros. Si conseguís meteros en la piel de todos a la vez, lo sé suena extraño y complicado, de esa entidad que es el grupo acabaréis sufriendo tanto como ellos, con ellos, si no, se convertirá en una cinta más porque objetivamente no es mucho más que eso. Es recomendable verla en el cine por la grandiosidad de los paisajes y la verdad, algunas escenas me habría gustado disfrutarlas en VO porque si ya me parecieron desgarradoras dobladas, prefiero ni imaginar con esa Emily Watson en plenitud que solo disfrutamos en unos pocos compases del cierre del film.