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jueves, 13 de octubre de 2022

Modelo 77, en una prisión no hay quien viva

La verdad es que hay géneros cinematográficos que me cuestan un poco, la comedia romántica, el terror y las historias carcelarias. Pero lo cierto es que tenía curiosidad por esta cinta, básicamente porque uno de los protagonistas es Javier Gutierrez que me parece un actor como la copa de un pino. La primera vez que lo vi fue en la serie Águila Roja y me encantaba su papel de mayordomo/escudero torpón pero valiente, dispuesto a dar la vida por su amo y su familia. Así que cuando lo vi en otros papeles con un registro tan diferente, pensé "wow, es un actorazo". Y así me lo ha demostrado en esta ocasión una vez más. El tandem Gutierrez - Herrán funciona de maravilla. A este último no había tenido ocasión de verle en otros papeles, de hecho no lo conocía,  pero lo cierto es que no lo hace nada mal.


En cuanto a la historia basada en hechos reales, seguramente es fiel a lo que ocurrió en aquella cárcel de Barcelona en la que los reclusos no parecían tener siquiera derecho a un jucio. Cierto es que todo se ambienta en la España que empezaba a dejar atrás una dictadura y en la que se daba inicio a una transición a la democracia no exenta de dolor y sufrimiento. Y así era en aquellas cárceles en las que la policía hacía y deshacía a su antojo y sus funcionarios la máxima autoridad. Autoridad que ejercían sin miramientos. El extremo hasta el que los presos estuvieron dispuestos a llegar, creando un sindicato para reivindicar sus derechos se plasma perfectamente en la película. 

La cinta sin duda te sumerje en esas celdas y galerías en las que jamás quisieras estar, y mucho menos por tus ideales, creencias o condición. A mí personalmente me generó impotencia por las injusticias cometidas, por no tener voz y mucho menos derechos. 

Para escribir esta entrada me informé sobre el estado actual de La Modelo. Se cerró en 2017, no hace tanto en realidad, y se puede visitar con guía siendo considerado un lugar de interés histórico. 

Hasta aquí mi reseña básica, desde las tripas, como siempre. Ojalá llegara  un día en el que las cárceles no fueran necesarias porque solo hubiera bondad en el mundo, pero como esto es mucho pedir, yo solo quiero estar presa, si acaso, de tus encantos, mi querido Sr. Purgatorio.

Yo estoy preso de tu gravedad y no me puedo eleval, como no pude elevar mucho mi valoración sobre esta película en términos generales. Paso ahora a explicarme un poco.

Pienso que la trama intenta nadar entre dos aguas, pareciendo Mireia Belmonte en una de ellas y una piedra que, cuando la tiras al agua se hunde lentamente, en la otra. La parte que nos cuenta la amistad del preso joven que quiere cambiarlo todo con otro ya institucionalizado y que solo espera pasar el resto de su vida en prisión sin que le hagan la vida imposible los funcionarios funciona a la perfección; Gutiérrez y Herrán son los culpables de esto. Por contra, lo que se nos quiere transmitir de lo duro e injusto del sistema carcelario en la época de la transición queda muy desdibujado porque no se profundiza de verdad, sino que se nos cuentan las cosas como si se cogieran retazos de un telediario dónde vamos viendo cómo evoluciona el proceso pero casi que te da igual y prefieres que vuelvan dentro de las celdas a contarte lo que pasa allí.

Creo que el topic carcelario está ya muy explotado y que si no consigues darle un ritmo como el de "Celda 211" por ejemplo, acaba siendo un más de lo mismo constante que aburre. Además de esto, las actuaciones como la de Fernando Tejero, cuyo personaje, por su interpretación, sobra totalmente y me gustaría ver a Jesús Carroza haciendo algo que no sea el típico y tópico andaluz o gitano graciosete. O estamos ante uno de los casos de encasillamiento más sangrantes del cine patrio actual o es que, como pasa a demasiados intérpretes españoles, hace de sí mismo una y otra vez en cada papel.

Me da pena no poder decir que me ha gustado más, porque adoro "La isla mínima", también de Alberto Rodríguez, pero esta vez su dirección no me ha mantenido pegado a mi butaca deseando ver qué pasaba después, sino deseando que llegara el final para volver a casa.


sábado, 4 de octubre de 2014

La isla mínima. Maximizando los recursos.

Un hermoso plano cenital de las marismas y una preciosa melodía nos reciben en el inicio de nuestro viaje a la España profunda de los inicios de la democracia...
Así empieza "La isla mínima" de Alberto Rodríguez, un director del que no he visto nada más que esta película que estas semanas está en boca de todos, y con merecimiento me permito añadir.
Que este film funcione tan bien desde sus primeros compases se debe, además de a la labro del director, al genial trabajo de Raúl Arévalo, impresionante su gran variedad de registros, y Javier Gutiérrez, el cual me ha sorprendido de una manera espectacular porque lo he asociado siempre a otro tipo de interpretaciones menos serias, por decirlo de algún modo. Su intensidad en determinadas escenas es de lo mejorcito que he visto en cine español y, antes de que me lapidéis, no he visto demasiado y cuanto más veo, más me doy cuenta de que eso ha sido un error. Simplemente había que buscar más allá de lo que siempre nos meten hasta en la sopa.
Del resto del reparto quiero destacar a Nerea Barros y Antonio de la Torre, tan creíbles como padres de las chicas desaparecidas, que, sobre todo ella, parece una mujer sobrepasando los cuarenta y castigada por la dura vida rural, siendo mucho más joven.
Y ahora vienen los "palos" en ese aspecto. Habiendo visto hace poco "El Niño", me gustaría que alguien me explicara en qué parte del camino se dejo olvidada Jesús Castro la capacidad de actuar. El chaval es muy guapo y tiene unos ojazos, pero me resulta "gracioso" que a Mario Casas, que poco a poco va evolucionando, y que además tiene algo que da en cámara que no se aprende, se le haya crucificado como se ha hecho y con este parece que haya más manga ancha. Casi siempre el mismo gesto de malote y esa mirada intensa que quizá aprendiera viendo Zoolander... ¿la habrá bautizado también como hacía Ben Stiller?
Pese a que no controlo lo suficiente de aspectos técnicos como la fotografía, el vestuario, etc, me parece que "La isla mínima" es sobresaliente en ese aspecto. Las localizaciones, la manera de comportarse de los lugareños, cómo sobrellevan el cambio de dictadura a democracia los españolitos de a pie, todo me parece trasladado a la gran pantalla de una manera espectacular, demostrando que sabemos hacer "CINE".
Mención especial para la banda sonora de la mano de Julio de la Rosa, de nuevo sin necesidad de estridencias y con una cadencia pausada pero atrayente igual que el guión, cuya historia, sin ser original, si que está bien construida y te mantiene con la incertidumbre de muchas cosas casi hasta el final.
Bien interpretada y mejor rodada, "La isla mínima" supone quizá la consagración definitiva del thriller en España como una opción de éxito en taquilla y un desafío para muchos actores y actrices a quienes quizá, no se les da la oportunidad de explorar otros registros por el poco riesgo que asumen las productoras más allá de la comedia o el drama.