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martes, 12 de enero de 2016

Enemigos públicos, hasta la vista mirlo blanco

Ay la mafia, la delincuencia organizada y los "Robin Hoodes" de la vida el juego que han dado en la literatura y en el cine. Los hemos tenido de todos los colores y con todos los grados de violencia conocidos y por conocer pero los más atractivos suelen ser siempre aquellos que se ambientan en la gran época del crimen organizado norteamericano. Quizá sea la estética, quizá que nos hayan vendido que, a pesar del uso de las armas  la violencia, se regían por unos códigos ya olvidados que al menos de vez en cuando hacían emerger esa bondad que se supone que todos llevamos dentro.
Michael Mann se decidió a hablarnos de eso y de paso de los inicios de lo que hoy conocemos como el FBI, pasando muy por encima de la figura de Hoover y centrándose en la de un agente que iba tras la pista de uno de los más peligrosos delincuentes de su época, Dillinger, encarnado por un Depp que se tomó un descanso de tantas aventuras piratescas.
La película navega más por el drama que por ningún otro género, aunque los toques de thriller están presentes y tratándose de asaltantes de bancos, no faltará la acción en forma de tiroteos puntuales y que hacen que este film sea de esos que podemos llamar lentos sin miedo a dar una visión errónea a quienes nos lean en nuestros blogs. Para humanizar al personaje de Depp se nos lleva, como en la mayoría de las ocasiones, al terreno del romance, donde la cosa no acaba de funcionar en lo que a las interpretaciones se refiere, porque si bien Marion Cotillard está fantástica, lo cierto es que la química entre los dos brilla por su ausencia en varias de las escenas en que comparten pantalla estos dos grandes actores.
Por ahí andará también un Christian Bale al que el traje le sienta como un guante al igual que su personaje y que en muchas fases del film tendrá el protagonismo casi absoluto y el peso de la trama sobre sus hombros. Casi podríamos decir que la historia es a medias sobre la vida íntima de Dillinger y a medias sobre los primeros pasos en el uso de nuevos medios más científicos por parte de las fuerzas del orden.
A mi es de esas películas que no se me hacen largas, quizá porque aquellos tiempos, su estética y ese halo de clase que rodeaba a muchos de los delincuentes incluso, a veces edulcorado pero sin duda real en ocasiones, pero si os decidías a verla debéis tener claro que no es una orgía de acción y que dura más de dos horas. También hay que decir que quiere mostrar tantas cosas que profundiza muy poco en la mayoría y que quizá no sean precisamente las que más os atraen en las que se centra Mann para contarnos su visión de aquellos años.

martes, 12 de agosto de 2014

Collateral. La carrera más larga de Jamie Foxx

Pese a parecerme ambos muy buenos actores, ni Tom Cruise ni Jamie Foxx son de esos que me hacen ir al cine por verlos aunque es posible que esta película de la que hablamos hoy lo merezca.
Cruise, más acostumbrado a los blockbusters de éxito y a la acción desenfrenada en muchas épocas de su carrera, realiza para mi una de sus mejores interpretaciones con diferencia de la mano de Michael Mann en Collateral.
Lo mejor del asunto es que Jamie Foxx construye de manera sublime a ese taxista con el que cualquiera podríamos identificarnos; una vida preñada de sueños que ha pasado a ser una anodina rutina que se ve rota en pedazos cuando un atípico pasajero monta en su taxi.
La intensa noche que vivirán los protagonistas, mientras van de un lugar a otro de la ciudad para cumplir con las tareas del canoso pasajero, nos va a dejar escenas de acción muy bien rodadas y a un Cruise mucho más contenido que en otras ocasiones y más creíble que nunca.
La cuestión es que Mann y el guión de Stuart Beattie consiguen que la acción quede relegada a un segundo plano, porque lo que de verdad recordaremos tras ver este film, son las conversaciones entre los dos actores, esas situaciones más pausadas en las que viviremos el humor y la tensión, pasando incluso por el miedo que subyace a las palabras del personaje de Cruise.
El devenir de la historia sufre un crescendo —lo que me gusta usar esta palabra en las críticas eh— que nos va llevando hacia un final que no nos da un respiro y donde el duelo entre Foxx y Cruise alcanzará su apogeo, perfectamente acompañados por la gran banda sonora a cargo de James Newton Howard.
Veremos cómo algunas cosas van encajando y tendremos esa sensación, tan habitual en el mundo del celuloide, de que casi nada de lo que ocurre en pantalla es fruto de la casualidad, con personajes que parecían de paso y acaban resultando la clave de la trama.
Un thriller con buen ritmo pese a que se mueve entre la acción y la calma durante todo su metraje y probablemente una de las mejores películas del 2004, y que no es de extrañar que le valiera la nominación a mejor actor de reparto a Foxx, porque al menos yo, no le he visto mejor actuación que esta.